No es de extrañar, el tema le duele al imperio y éste muestra su faceta más cruel: la vendetta política.
Para nadie constituye un secreto las acciones realizadas por el grupo dentro de las hordas mafiosas de Miami y el consiguiente quebradero de cabeza que era y continúa siendo para estos últimos, ver las respuestas oportunas dadas por Cuba. Eso no podía quedar impune. Con perdón de los animales, aún se oye el rugido de la fauna contrarrevolucionaria cuando los detuvieron.
Y es aquí donde radica la causa de por qué el silencio mediático: uno, las leyes norteamericanas específicamente las aprobadas por la administración Bush, y vaya paradoja, contemplan que si no se espían estructuras estatales o asuntos secretos que comprometan la seguridad nacional las penas irían de un año a repatriación por ser agentes no declarados; dos, la necesidad de evitar “otro Elián” para la diplomacia norteamericana en la arena internacional; tres, intentar ocultar el burdo pase de cuentas político triple es decir a la Isla, a ellos y a sus familias por no quebrarse como otros. Podrían citarse más causas pero estas lo resumen todo.
Piense un poco, ¿acaso cree que el autotitulado gendarme de la democracia internacional sacaría a la luz semejante trapo sucio?, y de ocurrir, ¿no cree que lo taparía de algún modo? …
Las respuestas son evidentes. Mientras este silencio persiste, los mantienen alejados de la sociedad injustamente, privados del contacto con sus familias y sometidos a maltratos que todavía en la época de la legalización del “submarino” en unos Estados Unidos cada vez más decadentes y enajenados, sigue llamándose tortura.
A nosotros sólo nos queda esperar y por si acaso es de los que sigue a los grandes monopolios de la (des)información, no pierda tiempo y pase a un medio alternativo para actualizarse sobre el caso. Los Cinco aún luchan por nosotros.
Por : Sheila Barros Fals y Alejandro Cebrián Labrada. (Estudiantes de periodismo).